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jueves, 18 de abril de 2013
Armar a Dios
Pablo Mora
Instruirse, alistarse, organizarse. Vivir conforme a nuestro fuero interno. Tejer bien la madeja colectiva. Entretejer asombros al mañana. Deplorar la injusticia, el pie descalzo, la lluvia engarrotada, el desvalido —miserable torpeza de la noche—. Oírle los crujidos a las horas. Palpar la inofensiva algarabía. Sumarse a la marea, la insurgencia, ataque o contraataque necesarios. Ir a contracorriente de la muerte, del abismo insondable, tenebroso. Ponderar el momento, la salida; las armas de los perros y los pájaros; el diapasón del bosque del silencio; los presentes, ausentes, los reales; los pozos de las rosas y los muertos; la rosa que nos lleve a las estrellas: la rosa roja en el azul del sueño, en su azarosa búsqueda del tiempo por ver el rumbo que la tierra escoja.
Insistir, persistir en la gestión. Fortalecer la vena del camino. Archivar cometidas y derrotas. Recobrar el derecho de las piedras. Conjugar sueño, polvo, soledades. Perderse entre la niebla de la albada. Informar, informarse, vigilar. Celar lo estrictamente necesario. Administrar pertrechos, desengaños, triunfantes en la lumbre de las sombras, contra la terquedad y la asechanza. Hacerle honor a la Divisa Humana, al hormigón de la feliz partida, al paso de los soles que nos resten. Que el sueño siempre cumpla su promesa. Advertir que el rumor de un pueblo almado es más bello, más puro que el rocío. Hallarle el pan a quien lo pierda o sueñe.
Concurrir al llamado de las flores, cuando sangre el costado de la rosa. Pendientes del dolor de las palomas, cuando aceche penumbra, horror, borrasca. A pesar de aspavientos o fracasos, disponer de la vida mientras tanto, hasta que alguien decida lo contrario. De noche retroceden los relojes. Apostar a la paz, a la victoria. Que se apiadan los dioses de nosotros, de nuestra rabia, cólera o locura. Toparse, acompañarse, entusiasmarse. Adherirse, juntarse, desaislarse. Unirse, reunirse y asociarse. Llevar en el pañuelo una granada, ya pase lo que pase, por si acaso. Alumbrarle el sendero a las luciérnagas. Alzar al sol el grito la bandera. Velar por el camino de la aurora. Andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qué semillas recoger. Es tiempo de arrumbar los macundales, de encontrarse de nuevo con la vida.
Usar el cielo en caso necesario; a la tierra o las semillas. Emborronar de lluvia los poemas. Desempeñarse, amarse e ingeniárselas. De lidia en lidia, al alimón, al quiebro, en busca de la obranza, el propio temple. Fuera del alcatrazo de la muerte. Muy lejos de la sombra para siempre. Volar sobre el misterio de la arena. Labrar el día, rasguñar el cielo. Dejar en batallón nuestros silencios. Deslindar terredad de abatimiento; legado, salvación, andaje, velas; concomitancia, urgencia, nave o barca; madrugada, alarido, terquedad. Apostar al insomnio su demora.
Darle tiempo al camino a que regrese. Descubrir el espacio, igual el mundo. Escarbar, explorar, crecer, llegar. Encontrar, encontrarse, desplazarse. Afrontar, afirmarse y alcanzarse. Encendida la lámpara en la noche, candil intermitente de la aldea. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Prender la mecha al viento, armar al pobre. Armar a Dios definitivamente. Amar al prójimo y amarte. Definitivamente amar al hombre.
pablumbre@hotma
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viernes, 23 de julio de 2010
Antes que caiga un rayo desalmado

En los mares nocturnos de mi sueño
Las hablas sonorosas de esta sangre
Y no es la mía y sí la de la tribu
La de mi boca en otra boca, en otra.
La voz dictada, la mistela en mano,
Alumbraje del tiempo en la memoria,
Ramón David en palomar abrazo,
En voz alta la copa sospechada.
Polimnia bendiciendo asombro, insomnio,
En viento albado amanecer de bala.
Deshilvanados, juntos, inmortales.
Todos con los gatillos en el alma
Esperando a la vieja y sus pericos,
Lo más, lo más del corazón almado.
Valera, 3 de Noviembre de 2007
domingo, 18 de julio de 2010
Fidel Siempre

Fidel Siempre
Pablo Mora
El hombre, entre los años, en busca de la luz, de su luz. El círculo perpetuo de la vida y la muerte. Uno y diverso, de perfil, sobre sus sombras, naciendo, renaciendo. Melodía in crescendo, su locura, su fe, sus osadías lo acosan. Desenfunda la paz contra la guerra. Hombro a hombro, codo a codo, enarbola los sueños de los árboles, la lluvia seminal de su plantío, el centro genital de su coraje, el canto forestal de sus costumbres. Camina noche, sueño, vida. Amanece en horizonte, desplegado. Estrena año, madrugada, aliento, tendido en la playa de su antigua arena. Frente al largo espesor de su quejido, se reconoce, salta, se levanta, enhiesto, sonreído. Relumbra, se decide, se esperanza, se reúne; finca su alborozo, su alegría, fija en el tiempo sus oídos. Arde de furia en la trinchera, eleva sus puños. Cuenta salud, aire, olvido, quitándole la cara al miedo. Cara a cara, dialoga en alto con las horas. Canta, se desborda, multiplica. A pecho descubierto, ofrece cuerpo, vida, alma y suerte. Aloja su rabia luminosa en las ojeras. Sostiene la mirada de los árboles. Bendice los salmos de las sombras, los imponentes secretos de la guerra, la silenciosa castidad de los cordones, mientras avienta duro el corazón del sueño. En furia cordial se descontenta ante la tarde, el fragor, el desespero; asido a su hermana gota jornalera, al pan que se esconde en los aleros. De repente, estalla, se desata la lluvia entre sus sueños, entre choza, caserío, vereda, sementera. Siempre, el hombre. El tiempo, siempre. Perpetúa el camino. La eternidad. Deseo de que un instante eterno sea: presente sea, futuro sea. Como el mar, que no se arruga, no cambia, no pasa. Presente el hombre siempre, ensaya continuas eternidades. Barco de larga, larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga a pelo sobre el mar; en el Pegaso de la mar cabalga que cabalga las estrellas, a caballo en las crines de la mar. Caballo desbocado, siempre galopando el mar. Bueno para el trabajo y la batalla. En esta hora de soledad marina, activa aguas puras. De nuevo existe, canta, sueña, cree. Abriendo el horizonte de las albas, la festiva grandeza del preámbulo, un desgarre de luces torrentosas, un mirar hacia dentro de nosotros. Resiste el milagro de la vida, el saludo del hombre que florece, la fogata que lleve al alumbraje. Mochuelo en las tronadas de la noche, delirante, al acecho de otra aurora, sobre las polvaredas de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto, en lucha con su pena. Cavila entre la noche y la tormenta. Consagra la levadura eterna de los panes. Nos acusa, nos grita, nos reclama. Por obra y gracia del insomnio el hombre el hombre rayo que arde en la tormenta alarido crispado en huracán por fin él ocupándose del hombre el hombre simplemente el hombre a solas en paz consigo con su pena al hombro al descubierto hermano universal guarango chontaduro cañahuate chaguaramo apamate guayacán samán araguaney o flamboyán universal ceniza en singladura en pulpa en hueso en lluvia en soledad rojo duro durable resistente calcáreo frondoso para siempre incorruptible eterno refulgente Caguairán indomable frente al viento la semilla del hombre germinando quiebra hacha fidel fuego pueblo y tierra el hombre a punta de hombre y tempestad semilla germinal a la intemperie andando andando andando andando andando
pablumbre@hotmail.com
Pablo Mora
El hombre, entre los años, en busca de la luz, de su luz. El círculo perpetuo de la vida y la muerte. Uno y diverso, de perfil, sobre sus sombras, naciendo, renaciendo. Melodía in crescendo, su locura, su fe, sus osadías lo acosan. Desenfunda la paz contra la guerra. Hombro a hombro, codo a codo, enarbola los sueños de los árboles, la lluvia seminal de su plantío, el centro genital de su coraje, el canto forestal de sus costumbres. Camina noche, sueño, vida. Amanece en horizonte, desplegado. Estrena año, madrugada, aliento, tendido en la playa de su antigua arena. Frente al largo espesor de su quejido, se reconoce, salta, se levanta, enhiesto, sonreído. Relumbra, se decide, se esperanza, se reúne; finca su alborozo, su alegría, fija en el tiempo sus oídos. Arde de furia en la trinchera, eleva sus puños. Cuenta salud, aire, olvido, quitándole la cara al miedo. Cara a cara, dialoga en alto con las horas. Canta, se desborda, multiplica. A pecho descubierto, ofrece cuerpo, vida, alma y suerte. Aloja su rabia luminosa en las ojeras. Sostiene la mirada de los árboles. Bendice los salmos de las sombras, los imponentes secretos de la guerra, la silenciosa castidad de los cordones, mientras avienta duro el corazón del sueño. En furia cordial se descontenta ante la tarde, el fragor, el desespero; asido a su hermana gota jornalera, al pan que se esconde en los aleros. De repente, estalla, se desata la lluvia entre sus sueños, entre choza, caserío, vereda, sementera. Siempre, el hombre. El tiempo, siempre. Perpetúa el camino. La eternidad. Deseo de que un instante eterno sea: presente sea, futuro sea. Como el mar, que no se arruga, no cambia, no pasa. Presente el hombre siempre, ensaya continuas eternidades. Barco de larga, larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga a pelo sobre el mar; en el Pegaso de la mar cabalga que cabalga las estrellas, a caballo en las crines de la mar. Caballo desbocado, siempre galopando el mar. Bueno para el trabajo y la batalla. En esta hora de soledad marina, activa aguas puras. De nuevo existe, canta, sueña, cree. Abriendo el horizonte de las albas, la festiva grandeza del preámbulo, un desgarre de luces torrentosas, un mirar hacia dentro de nosotros. Resiste el milagro de la vida, el saludo del hombre que florece, la fogata que lleve al alumbraje. Mochuelo en las tronadas de la noche, delirante, al acecho de otra aurora, sobre las polvaredas de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto, en lucha con su pena. Cavila entre la noche y la tormenta. Consagra la levadura eterna de los panes. Nos acusa, nos grita, nos reclama. Por obra y gracia del insomnio el hombre el hombre rayo que arde en la tormenta alarido crispado en huracán por fin él ocupándose del hombre el hombre simplemente el hombre a solas en paz consigo con su pena al hombro al descubierto hermano universal guarango chontaduro cañahuate chaguaramo apamate guayacán samán araguaney o flamboyán universal ceniza en singladura en pulpa en hueso en lluvia en soledad rojo duro durable resistente calcáreo frondoso para siempre incorruptible eterno refulgente Caguairán indomable frente al viento la semilla del hombre germinando quiebra hacha fidel fuego pueblo y tierra el hombre a punta de hombre y tempestad semilla germinal a la intemperie andando andando andando andando andando
pablumbre@hotmail.com
sábado, 17 de julio de 2010
Un Canto Para Bolívar

Un Canto Para Bolívar
Pablo Neruda
PADRE nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el airede toda nuestra extensa latitud silenciosa,todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:tu apellido la caña levanta a la dulzura,el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,la patata, el salitre, las sombras especiales,las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,todo lo nuestro viene de tu vida apagada,tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.
Tu pequeño cadáver de capitán valienteha extendido en lo inmenso su metálica forma,de pronto salen dedos tuyos entre la nievey el austral pescador saca a la luz de prontotu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.
De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?Roja será la rosa que recuerde tu paso.Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?Es roja la semilla de tu corazón vivo.
Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.Y otra mano que tú no conociste entoncesviene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,de la cárcel, del aire, de los muertos de Españallega esta mano roja que es hija de la tuya.
Capitán, combatiente, donde una bocagrita libertad, donde un oído escucha,donde un soldado rojo rompe una frente parda,donde un laurel de libres brota, donde una nuevabandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.Los malvados atacan tu semilla de nuevo,clavado en otra cruz está el hijo del hombre.
Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,el laurel y la luz de tu ejército rojoa través de la noche de América con tu mirada mira.Tus ojos que vigilan más allá de los mares,más allá de los pueblos oprimidos y heridos,más allá de las negras ciudades incendiadas,tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:tu ejército defiende las banderas sagradas:la Libertad sacude las campanas sangrientas,y un sonido terrible de dolores precedela aurora enrojecida por la sangre del hombre.Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,de nuestra joven sangre venida de tu sangresaldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.
Yo conocí a Bolívar una mañana larga,en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.
martes, 13 de julio de 2010

Preguntas
¿Por qué estarán los vientos separándonos?
¿Cuándo podrás quedarte entre tu sombra?
¿Quién que sea no es gota en el alambre?
¿Cuánto sabrá mi asombro de los gatos?
¿Sabrán los sueños algo de nosotros?
¿En verdad creerá en nosotros Dios?
¿De qué lado estará la suerte yendo?
¿De qué lado los bárbaros están?
¿Quién al árbol le quita la mirada?
¿Quién con las amapolas la agarró?
¿Para quién el aviso de los muertos?
¿Quién del polvo podrá escapar riendo?
¿Quién de verdad ha añadido algo al mundo?
¿Quién hay que no esté en pie de muerte andando?
¿Eres tú o yo éste que se mira en el espejo?
¿Han de ser iguales todos los espejos?
¿Habrase dado ya con el espejo eterno?
¿Tiene algo que ver la Libertad con la miseria?
¿Puede vivir tan sólo masturbándose en el Puerto?
¿Quién dijo Libertad primero?
¿Quién escribió su nombre su poema?
¿Quién los borró de las praderas?
¿Qué sabe la derecha de la izquierda?
¿De qué color se viste la igualdad?
¿Qué se hizo Jesucristo?
¿Dejaremos de morir de veras?
¿Cuándo somos de veras lo que somos?
¿Somos la insomne lumbre que nos crea?
Pablo Mora
¿Por qué estarán los vientos separándonos?
¿Cuándo podrás quedarte entre tu sombra?
¿Quién que sea no es gota en el alambre?
¿Cuánto sabrá mi asombro de los gatos?
¿Sabrán los sueños algo de nosotros?
¿En verdad creerá en nosotros Dios?
¿De qué lado estará la suerte yendo?
¿De qué lado los bárbaros están?
¿Quién al árbol le quita la mirada?
¿Quién con las amapolas la agarró?
¿Para quién el aviso de los muertos?
¿Quién del polvo podrá escapar riendo?
¿Quién de verdad ha añadido algo al mundo?
¿Quién hay que no esté en pie de muerte andando?
¿Eres tú o yo éste que se mira en el espejo?
¿Han de ser iguales todos los espejos?
¿Habrase dado ya con el espejo eterno?
¿Tiene algo que ver la Libertad con la miseria?
¿Puede vivir tan sólo masturbándose en el Puerto?
¿Quién dijo Libertad primero?
¿Quién escribió su nombre su poema?
¿Quién los borró de las praderas?
¿Qué sabe la derecha de la izquierda?
¿De qué color se viste la igualdad?
¿Qué se hizo Jesucristo?
¿Dejaremos de morir de veras?
¿Cuándo somos de veras lo que somos?
¿Somos la insomne lumbre que nos crea?
Pablo Mora
lunes, 12 de julio de 2010

Paz es un elemento
que no tiene contornos definidos;
no le conocemos longitud, altura,
ciclo molecular, peso específico.
Mas le conocemos su sabor exacto:
es un sabor a trigo,
a leche y miel, a rosas, a durazno,
que como un corazón recién nacido
palpita entre los dedos de las hojas
por su sola dulzura sostenido.
Tiberio León
que no tiene contornos definidos;
no le conocemos longitud, altura,
ciclo molecular, peso específico.
Mas le conocemos su sabor exacto:
es un sabor a trigo,
a leche y miel, a rosas, a durazno,
que como un corazón recién nacido
palpita entre los dedos de las hojas
por su sola dulzura sostenido.
Tiberio León
sábado, 19 de junio de 2010
Hay

Hay
Pablo Mora
In memoriam: José Saramago
Hay un retrato de agua y de quebranto palabras de entre casa y las de cambio un juntar de palabras escondido una cuerda más tensa y resonante la amenaza de muerte o de esperanza hay sombras y luciérnagas hay vida ese olor de mujer que nos persigue o ese clamor de patria que nos reta o con el alma de la patria en ascuas una vena sangrando de pavor la nocturna memoria sofocada el murmullo del día amanecido la jaula de locura enfurecida hay mentiras de más y compromisos la vida inesperada descubierta la promesa escondida en la semilla aguas blancas secretas reunidas lo amargo de las sombras y las penas
Hay el grito solar como protesta el infierno el martirio de los hombres un río una promesa el mar dormido un juego de demencia una ventana el íntimo rumor que abre las rosas el camino del perro su pupila señales de estar vivo y en peligro la noche y su recado a la intemperie altos troncos y en lo alto el claro canto la palabra y el llanto y sus hogueras el mar su llamarada sus confines grandes secretos todos escondidos hay un terror de manos en el alba un rechinar de puerta una sospecha un grito que horada como una espada un ojo desorbitado que te espía hay un fragor de fin y de derrumbe un enfermo que rompe una receta hay un niño que llora medio ahogado hay un juramento que nadie acepta una esquina que salta en emboscada un trazo negro un brazo que repele un resto de comida masticada una mujer atada que se acuesta
Hay flores que navegan en azul hay la antigua memoria de las aguas un árbol que conozco de memoria hay un hombre velando desatado hay una noche insomne rebelada la lumbre del asombro al descubierto el fondo más lejano de los vasos hay un viento que danza hay una calle un cielo hay unos árboles en fila hay una soledad ciertos recuerdos hay una atmósfera de hollín cargada de asombro de pavor de escarapela hay un viento que danza enloquecido hay un reloj de tiempo detenido hay un reloj paralizado ahora una calle un rencor hay alguien solo hay hambre junta en oleada atroz hay hambre antigua nueva y a montones la miseria el luto otra vez el hambre al hombre lo cobija el hambre antigua en el umbral del tiempo se acurruca sólo comemos soledad y pena seguimos con el hambre todavía en el ruedo del hambre y de la guerra se agiganta la sombra de la muerte la lluvia Dios el hombre tienen hambre
Hay un paso dos muros escondidos hay un batir de remo acompasado el silencio que ahoga y amordaza de pie la cuerda tensa del orgasmo la sombra de la muerte que reúne el peso de la noche y el gemido el reverso del trono el rudimento la promesa dormida en la semilla hay el grito solar como protesta el grito la amenaza el perro malo la pena del silencio el sinsentido hay un terror de manos en el alba el aullido del pan acá en la puerta la pólvora y el pueblo y la palabra hay la esquina del tiempo que resurge el destino del hombre su sollozo hay un pobre que llora en el barranco un niño que entre lluvias llanto apaña hay un dolor de huecos por el aire hay una luna canjeada en muerte —miserable torpeza de la noche— hay divinos almácigos en guardia hay un hombre que lucha con su hambre hay mil pruebas mortales que vencer hay que amar con horror para salvarse ¡Hay hermanos muchísimo qué hacer! (PSA).
pablumbre@hotmail.com
Pablo Mora
In memoriam: José Saramago
Hay un retrato de agua y de quebranto palabras de entre casa y las de cambio un juntar de palabras escondido una cuerda más tensa y resonante la amenaza de muerte o de esperanza hay sombras y luciérnagas hay vida ese olor de mujer que nos persigue o ese clamor de patria que nos reta o con el alma de la patria en ascuas una vena sangrando de pavor la nocturna memoria sofocada el murmullo del día amanecido la jaula de locura enfurecida hay mentiras de más y compromisos la vida inesperada descubierta la promesa escondida en la semilla aguas blancas secretas reunidas lo amargo de las sombras y las penas
Hay el grito solar como protesta el infierno el martirio de los hombres un río una promesa el mar dormido un juego de demencia una ventana el íntimo rumor que abre las rosas el camino del perro su pupila señales de estar vivo y en peligro la noche y su recado a la intemperie altos troncos y en lo alto el claro canto la palabra y el llanto y sus hogueras el mar su llamarada sus confines grandes secretos todos escondidos hay un terror de manos en el alba un rechinar de puerta una sospecha un grito que horada como una espada un ojo desorbitado que te espía hay un fragor de fin y de derrumbe un enfermo que rompe una receta hay un niño que llora medio ahogado hay un juramento que nadie acepta una esquina que salta en emboscada un trazo negro un brazo que repele un resto de comida masticada una mujer atada que se acuesta
Hay flores que navegan en azul hay la antigua memoria de las aguas un árbol que conozco de memoria hay un hombre velando desatado hay una noche insomne rebelada la lumbre del asombro al descubierto el fondo más lejano de los vasos hay un viento que danza hay una calle un cielo hay unos árboles en fila hay una soledad ciertos recuerdos hay una atmósfera de hollín cargada de asombro de pavor de escarapela hay un viento que danza enloquecido hay un reloj de tiempo detenido hay un reloj paralizado ahora una calle un rencor hay alguien solo hay hambre junta en oleada atroz hay hambre antigua nueva y a montones la miseria el luto otra vez el hambre al hombre lo cobija el hambre antigua en el umbral del tiempo se acurruca sólo comemos soledad y pena seguimos con el hambre todavía en el ruedo del hambre y de la guerra se agiganta la sombra de la muerte la lluvia Dios el hombre tienen hambre
Hay un paso dos muros escondidos hay un batir de remo acompasado el silencio que ahoga y amordaza de pie la cuerda tensa del orgasmo la sombra de la muerte que reúne el peso de la noche y el gemido el reverso del trono el rudimento la promesa dormida en la semilla hay el grito solar como protesta el grito la amenaza el perro malo la pena del silencio el sinsentido hay un terror de manos en el alba el aullido del pan acá en la puerta la pólvora y el pueblo y la palabra hay la esquina del tiempo que resurge el destino del hombre su sollozo hay un pobre que llora en el barranco un niño que entre lluvias llanto apaña hay un dolor de huecos por el aire hay una luna canjeada en muerte —miserable torpeza de la noche— hay divinos almácigos en guardia hay un hombre que lucha con su hambre hay mil pruebas mortales que vencer hay que amar con horror para salvarse ¡Hay hermanos muchísimo qué hacer! (PSA).
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